El periodista musical Daniel Casas hace una mirada a lo que ha significado este festival. 

Polémica, riesgo y nostalgia despidieron a Rock al Parque
Rock al Parque, un icono musical de la región.
Foto: 
Juan Diego Buitrago / EL TIEMPO
Por: Daniel Casas
 
28 de junio 2019 , 09:40 p.m.
Que el festival Rock al Parque conmemore sus 25 años este fin de semana es una fiesta digna de celebración. Ningún evento como éste tiene tanta representatividad para la cultura de una ciudad que, como Bogotá, ha venido vendiendo su imagen internacional durante las últimas dos décadas especial y justamente desde ese ámbito de las artes y la cultura. 
Pensar que este festival nació apenas cuatro años después de que en el país se había encendido el primer teléfono celular o que la internet recién empezaba su impacto comercial y cultural desde la triple doble u, hablan del largo tiempo que ha pasado.
Rock al Parque es el ejercicio de convivencia juvenil más impactante del país. Las cifras en términos de violencia o inseguridad dentro del festival son irrisorias frente al público que el mismo congrega anualmente con más de 100 mil personas durante tres días en el Parque Simón Bolívar.
Este ejercicio de ciudad se rodea entonces de un halo de paz único e irrepetible. Y desde ahí, asume su responsabilidad de brindar durante ese fin de semana un espacio singular de encuentro, no sólo con la música.
Pero es ese público el que en verdad ha construido la historia de Rock al Parque. Sus cifras en el renglón asistencia son tan contundentes que, de no ser así, ya no existiría. 
Pero viene siendo tiempo para que, desde el otro lado, Rock al Parque desarrolle nuevas políticas a favor del rock que se hace en la ciudad. Es hora de cambiar los sistemas de convocatoria para las bandas y activar procesos de formación y acompañamiento permanentes para los jóvenes que están decididos a hacer de la música una práctica profesional.
Volver a los extintos festivales de rock en las localidades y que estos sirvan como filtro inicial para llegar al gran festival, es solo una de las muchas formas que permitirían un desarrollo fuerte e integrado de esta práctica artística en la ciudad. 
Que el Instituto Distrital de las Artes convierta al festival en una dependencia permanente que desarrolle acciones durante los 365 días del año en pro del rock de la ciudad y que Rock al Parque sea la gran celebración de toda esa actividad. 
Son 25 años, un maravilloso y buen logro que merece ser cuidado para el futuro.
Daniel CasasPeriodista musical@danielcasasc