Se reclama una identidad y un territorio

Foto: Periódico el Mundo - Festival Altavoz

TEXTOS: GERMÁN VÉLEZ

Por varias décadas los rockeros de la ciudad de Medellín y del valle de Aburrá piden a gritos un reconocimiento, un territorio que les de un estado de nación del rock, espacios para el encuentro y compartir con los amigos en torno a la música y escenarios adecuados para la muestra artística de eventos musicales.

En los años 70, en el municipio de la Estrella, en la vereda Ancón, un joven hippie tuvo la alocada, quijotesca y desafiante - ante una Medellín puritana y de costumbres conservadoras -, de realizar un festival de la magnitud y emulando el festival de Woodstock. Con también tres días de rock, Carlos Gonzalo Caro "Carolo", lideró la realización de este festival del rock colombiano. Desde ese momento el rock en Medellín y el área metropolitana tomaba espacios y públicos para las muestras artísticas de una sociedad rockera.

En los años 80 comienzan a surgir agrupaciones como Nash, Carbure, Kraken, Parabellum, Reencarnación, por el genero del Metal y el Hard Rock, y a su vez la escena Punk en Medellín también surgía con grupos como Infexión Respiratoria Aguda (IxRxA), Fertil Miseria, Pne o Pestes. Pero es en este tiempo donde desde el mismo rock, se crean ciertos radicalismos tanto en el metal como en el punk y comienzan ciertas riñas callejeras para desplazar a los punkeros y a su vez los punkeros a los metaleros de los espacios de encuentro comunes de la ciudad. Hasta los mismos metaleros entre si mismos solian reñir y de igual forma entre los mismos de la escena punk de la ciudad. Esto generó una disociación dentro de la escena rock local que a su vez fue tomando fuerza en toda el area metropolitana y a su vez entre otras ciudades del país.

En los años posteriores surge, a través del grunge, el industrial, el hard core y géneros que se posicionaban en el momento, la escena rock underground de medellín con este tipo de sonidos y tendencias. Bandas como El Pez, Bajo Tierra, Los Insectos, Patas Arriba, Neüs, Postguerra, Juanita Dientes Verdes o Marimonda, entre otras, eran los exponentes del momento en la ciudad. Y un lugar como el teatro al aire libre Carlos Vieco Ortíz, ubicado en el cerro Nutibara, se convirtió para ese entonces en un templo de la escena de la ciudad. Cabe mencionar que años atrás ya las bandas de la ciudad se presentaban allí, pero el desorden y peleas entre los mismos asistentes, precisamente por los radicalismos e intolerancia entre si, dieron una mala imagen y uso del espacio generando que la administración municipal vetara por un tiempo el escenario para conciertos de rock.

El pasado lunes 20 de enero, en el teatro Ateneo Porfirio Barba Jacob, los rockeros de la ciudad y el área metropolitana, acudieron al llamado de una asamblea por el rock de la ciudad y el valle de Aburrá, tocándose de inicio las problemáticas que ha tenido el rock en la ciudad. Falencias como la desunión, el no vernos como un gremio similar al de los taxistas o los maestros con unos estatutos, normas y debida organización, la falta de escenarios apropiados, festivales en los que TODOS sin excepción puedan participar de ellos, la escasez de una unión del sector empresarial cultural (promotores, disqueras, productores musicales), la poca ayuda de los medios tradicionales para informar y programar en sus parrillas musicales las bandas y artistas que son talento local. También se tocaban puntos como la creación de públicos, la financiación, recibir capacitaciones, generar un archivo y memoria histórica del rock.

La verdad estas falencias se deben para mí a que nosotros los rockeros reclamamos lo que desconocemos y nos hemos quitado a nosotros por un afán de competir entre si. Ya es muy «normal» pensar en lo bien que les va a otros géneros, en especial al reggaetón, en vez de apuntar a realizar un análisis DOFA (de dificltades, oportunidades, fortalezas y amenazas), una unión de trabajo basados en modelos LEGO o generar modelos CANVAS comenzando a generar valores como la unidad, el orden, hablar como un gremio de socios y no de enemigos o «fachos, vendidos, traidores y otro sin fin de palabras de desprestigio entre nosotros mismos».

En lo que respecta a la difusión, las bandas y artistas han preferido hacer lanzamientos en plataformas como YouTube, Spotify, Deezer, entre otras, sin tener un plan de monetización, creación y consecución de públicos, dejando a un lado las relaciones públicas y la asociación con los medios de comunicación. Esto ha generado el «dolor de cabeza» de muchos a la hora de escuchar una emisora y percatarse de que suena lo mismo y que escasamente sus canciones - si es que llegan a sonar sin payolas - dejan de estar en rotación en una o dos semanas.

A veces, por no decir que en la mayoría de casos, los programadores o disk jockeys desechan los discos que llegan a las cadenas de radio y se encargan de cerrar las puertas a varios artistas, pero ¡vaya gracia!, al tiempo salen a hacerles venias con reconocimientos y premios como la orden al mérito Juan del Corral. ¿Será que somos conscientes o hay es intereses políticos y personales de unos cuantos en sacar su tajada? Y es ahí que después volvemos a decir: Más de lo mismo en tono de descepción y queriendo dejar atrás la idea y sueño de ser músico, artista, abandonar la banda, terminar muchos buenos proyectos o - como en el caso de Cate, artista que llegó con su trabajo a nuestra emisora - cambiar a otro genero musical porque ahí si se ven realizados los sueños y eso sí está moviendo billete.

Duele mi ciudad, duele esa falta de identidad y unión sincera y sin tomar ventajas, que en realidad sea pensando como comunidad, en el ejercicio del bien común y colectivo. El reggaeton tiene su fuerza es por su unidad, porque hasta se alían con otros músicos de otros géneros y tendencias en sus producciones. Cuando vas a la comuna 13 de Medellín al Graffitour, se puede leer una transformación a través del arte, en especial del hip hop, de su territorio; y todo al rededor narra sucesos en torno a una identidad. El rock tiene es retazos en su mapa de territorio, no hay una narrativa del rock en sus calles y sitios... ¡A ello debemos apuntar y volver!, a la unidad, a recurrir sin discriminaciones y riñas a lugares comunes, y de igual manera a darnos a conocer desde los medios y con los medios.

Se cierra un ciclo en este año y empezaremos una década de muchos retos, así que debemos repensarnos y recordar que: «LA UNIDAD HACE LA FUERZA».